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MÁS EMPLEO PÚBLICO QUE INDUSTRIA

 

 

¿Por qué el Estado Nacional, las provincias y las municipalidades buscan recursos fiscales con tanta desesperación? 

En la década del 80, el Presidente Raúl Alfonsín procuró los recursos fiscales que necesitaba con emisión monetaria e impuesto inflacionario.  A principios de la década del 90, el Presidente Carlos S. Menem los obtuvo de las privatizaciones, cuyos recursos no capitalizaron al país sino que se destinaron a cubrir los gastos corrientes.  Durante su segundo período presidencial, el Dr. Menem recurrió al endeudamiento, curso de acción que se repitió en la fallida experiencia del Presidente Fernando de la Rúa. 

Al comienzo de la presente década, el Presidente Néstor Kirchner echó mano de los recursos que providencialmente llegaron a través del alza de los precios internacionales de los commodities agrícolas, mediante la figura de las retenciones.  Esa tesitura recrudeció durante el actual período presidencial de Cristina Fernández de Kirchner, durante el cual el campo fue testigo de un intento de llevar las retenciones agrícolas hasta un nivel del 45%, con posibilidad de aumentar aún más.

A pesar de tamaña voracidad fiscal, las prestaciones que los contribuyentes recibimos del Estado (salud, seguridad, protección ambiental, saneamiento, educación) son muy deficientes y no guardan relación con la presión impositiva. 

Sería ingenuo explicar este fenómeno culpando solamente a la evasión fiscal y a la corrupción.  ¿Podemos identificar otro patrón que se repite sin cambios desde la década del 80 hasta la actualidad?

Sí, podemos. La respuesta viene de la mano de un duro -y creíble- informe sobre empleo publicado recientemente por el INDEC.

Dicho estudio demuestra que el Estado ya tiene más trabajadores que el mismísimo sector industrial. 

Según el mismo, de cada 100 personas que trabajan en nuestro país, 17 forman parte de la planta permanente del Estado Nacional, las provincias y las municipalidades.  Pero el informe no cuenta a los trabajadores estatales que forman parte de la planta no permanente, que sin duda elevarían ese número mucho más aún. 

En el Estado hay muchos excelentes profesionales (con o sin título universitario), pero el sector público exhibe en promedio una muy baja productividad.  Por otra parte, la
mayoría de los excesivamente numerosos trabajadores está fuertemente sindicalizada.   

Por esas razones, las soluciones drásticas son políticamente inviables.  La solución será gradual o no será.  Necesitamos una verdadera Reforma del Estado para comenzar a darnos, sin prisa, pero sin pausa, un verdadero Estado.  Necesitamos volver a ser un país atractivo para las inversiones privadas.  Necesitamos mejorar a largo plazo la calidad educativa para que el empleo público sea menos vulnerable al clientelismo político.

Nuestro país tiene más empleados públicos que trabajadores industriales. 

Necesitamos muchos años de hacer las cosas bien para aliviar esta hipoteca que pesa sobre todos nosotros.   

 

 

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