| La radicación de industrias guarda una estrecha relación con el ordenamiento territorial.
La radicación industrial puede realizarse en forma planificada o caótica, según la calidad del proceso de zonificación municipal.
En nuestro país, la segunda forma fue y es la regla, antes que la excepción.
El acierto o no de la zonificación prevista por el Concejo Deliberante Municipal produce efectos –positivos o negativos- que se multiplican en el tiempo, a veces mucho después de adoptada la decisión.
Si bien la actividad de un establecimiento industrial debidamente habilitado es lícita, eso no implica que la comunidad circundante deba soportar daños o siquiera molestias que excedan lo legalmente tolerable. Sin embargo, la frontera entre impacto tolerable o intolerable es muchas veces opinable.
El umbral de la tolerabilidad depende a su vez de la zonificación municipal.
Áreas aptas para la radicación de industrias
Son aptas para la radicación de establecimientos e instalaciones industriales las áreas industriales exclusivas y mixtas (comprendiéndose dentro de estas últimas tanto las “industriales mixtas” como las “residenciales mixtas”).
También son aptas para la radicación industrial las áreas rurales, que pueden tornarse “industriales” cuando se suman concentraciones significativas de establecimientos industriales. Asimismo, son aptas para la radicación industrial algunas, pero no todas, las áreas portuarias.
Las áreas industriales exclusivas son aptas incluso para aquellas actividades industriales que puedan tener alguna connotación de peligrosidad. En las áreas industriales “mixtas” conviven actividades industriales que pueden tener connotaciones incómodas junto con algún componente residencial. En las áreas residenciales “mixtas” se permite la instalación de industrias de connotaciones relativamente inocuas dentro de un ámbito mayormente residencial.
Zonificación Municipal |
Establecimientos Industriales |
Residencial |
No |
Residencial Mixta |
Inocuos |
Industrial Mixta |
Inocuos e Incómodos |
Industrial Exclusiva |
Inocuos, Incómodos y Peligrosos |
Dentro de las distintas clases de áreas industriales se observan diversas formas de concentración industrial.
Los parques industriales representan la modalidad de agrupación más planificada y “formal”. Cuentan con un comité o asociación interindustrial que muchas veces posee personería jurídica independiente de sus miembros y negocia en nombre de todos ellos la provisión de insumos y servicios. Poseen normas internas y reglamentos escritos, además de instalaciones comunes. Incluso pueden estar representados en una entidad gremial empresaria, como una cámara. Un buen ejemplo, pero no el único, de esta modalidad de agrupación es el Parque Industrial de Pilar.
Otra forma de concentración industrial, planificada pero con una organización menos formal, es la del “centro industrial”. En este caso los miembros pueden compartir instalaciones comunes, pero carecen de una asociación con personería jurídica diferenciada. Un buen ejemplo, pero no el único, de esta modalidad de agrupación es el Centro Industrial de Garín.
Existen varias formas de agrupación industrial informal a las que llamaremos genéricamente “zonas industriales”. No existe en ella otra planificación que la de la zonificación municipal que las determina como aptas para la radicación industrial. Su desarrollo es más bien espontáneo. Tampoco existe un gran componente de coordinación interindustrial. Es la situación que se presenta como más común en nuestro país. Así, a lo largo del territorio nacional, con una densidad muy variable, se encuentran numerosos municipios que han delimitado (bien o mal) zonas de perfil industrial.
La menor planificación y formalidad no guarda correlato alguno con la envergadura de la “zona industrial”. Las agrupaciones industriales más antiguas e importantes de nuestro país se formaron en zonas industriales a lo largo de varias décadas sin organización formal ni coordinación interindustrial alguna. Algunos ejemplos son los “polos” industriales más importantes del país, tales como Berisso-Ensenada; Zárate-Campana; Dock Sud; Bahía Blanca; San Lorenzo; etc. “Polo” industrial no es sinónimo de “parque” industrial.
La radicación en un área industrial implica ventajas y simplificación de problemas. Por ejemplo, poder compartir una estructura común y optimizar gastos (parques y centros industriales); evitar restricciones en materia de ampliaciones y modificaciones (áreas industriales exclusivas); reducir la posibilidad de reclamos de terceros por las molestias provocadas por la actividad industrial (todas las áreas industriales en general, aunque con diversos matices); etc.
Área industrial y “cluster”
No debe confundirse el concepto de “área industrial” con el de “cluster” (del inglés, “racimo”).
Los clusters son espacios geográficos amplios donde, en razón de determinadas ventajas comparativas (ej. la cercanía de la producción o de los centros de consumo; la accesibilidad a recursos humanos calificados; etc.) se radican empresas que por lo general son pymes independientes. Gradualmente, estas empresas van integrándose vertical y horizontalmente, se articulan entre sí y se especializan en un eslabón de la cadena productiva. De ese modo, generan ventajas competitivas con respecto a empresas que actúan aisladamente, en razón de la mecánica de los rendimientos crecientes de escala.
En los clusters, las empresas suelen integrarse para comprar en conjunto; fomentar la formación de mano de obra especializada; exportar en conjunto, logrando volúmenes que resultarían inalcanzables para una empresa solitaria; y hasta imponer denominaciones de origen propias.
Para facilitar la comprensión del concepto de “cluster”, nada mejor que algunos ejemplos. El Departamento de Belgrano, Provincia de Santa Fe, concentra el 30% de la producción nacional de pulverizadoras, cosechadoras y tractores del país. Rafaela, también en Santa Fe, constituye un cluster de la industria del herraje. El este de Formosa exhibe un incipiente cluster especializado en la industrialización de la madera de algarrobo.
Muchas ciudades y pueblos de nuestro país tienen la característica de ser la capital nacional de algo, no importa lo que sea. El senador nacional Roberto Urquía presentó recientemente un sesudo proyecto de ley que propone declarar a Monte Maíz, en Córdoba, la “Capital Nacional de las Sembradoras”. La Matanza, Provincia de Buenos Aires, se autodenomina orgullosamente “la Capital Nacional del Calzado”, dado que allí se ubica el 70% de las fábricas de calzado del país. La industria textil no se queda atrás, ya que Mar del Plata es la “Capital Nacional del Pullover”.
En el centro y sur de Córdoba se ubica el 90% de la producción e industrialización del maní. El “cluster manisero” es realmente atípico, ya que se trata de una economía regional que exporta nada menos que el 80% de su producción, al tiempo que hace un uso intensivo de mano de obra local. Se trata de una industria que ha ganado prestigio internacional, a punto tal que el año pasado, las empresas que lo componen lanzaron exitosamente la denominación de origen “Maní de Córdoba”. A propósito, la localidad de Hernando es la “Capital Nacional del Maní”.
El cluster no constituye un fenómeno totalmente planificado, ni tampoco totalmente espontáneo. Es algo así como un fenómeno “aluvional”, donde la agrupación y concentración industrial se fortalece a lo largo de un lapso temporal determinado, hasta lograr la “masa crítica” que nos permite hablar del nacimiento de un “cluster”. Algo así como decir “nace una estrella”.
Área industrial y parque industrial
Por definición, un parque industrial es un área industrial exclusiva, libre de todo componente residencial. Permitir la radicación de asentamientos poblacionales en las adyacencias de un área industrial exclusiva implica la desvirtuación de esta valiosa herramienta.
Como dijimos, los parques industriales representan la modalidad de agrupación más planificada y “formal”. Cuentan con un comité o asociación interindustrial que muchas veces posee personería jurídica independiente de sus miembros y negocia en nombre de todos ellos la provisión de insumos (agua; energía eléctrica; gas; etc.) y servicios (ej. seguridad; logística; correo; comunicaciones; bancos).
Los parques industriales poseen un reglamento interno, de tipo consorcial. La coexistencia dentro del parque propende a una interacción comunitaria, con todo lo que ello implica en cuanto a no perjudicar y respetar a cada una de las empresas que lo conforman. Por ello resulta imprescindible la existencia de un reglamento de administración, de una infraestructura idónea y de autoridades internas.
Las empresas radicadas dentro del parque industrial pueden compartir instalaciones, tales como colectoras de efluentes líquidos o servicios comunes de tratamiento de residuos industriales. También comparten a veces actividades (ej. capacitación) y servicios (ej. seguridad).
Los parques industriales suelen encontrarse ubicados en zonas de fácil acceso, con buenos caminos y rutas, próximos a puertos, aeropuertos, aledaños a poblaciones importantes, pero no en el interior de la ciudad.
Muchos parques industriales prevén desde su fundación la posibilidad de contar con superficies aledañas que puedan adquirirse para incrementar, en un porvenir, la capacidad instalada de producción y operación.
Parques Industriales abiertos y cerrados
Un parque industrial abierto es un área establecida por los gobiernos nacional, provincial o municipal, en el que se otorgan beneficios impositivos para las empresas radicadas en el mismo, y siempre que las mismas cumplan con requisitos en materia de infraestructura y protección ambiental.
En esos casos, el parque industrial surge de la iniciativa estatal, por disposición de una ley o acto administrativo.
Sin embargo, también puede tratarse de un área seleccionada y desarrollada por la iniciativa privada a la que se le otorgan similares beneficios. Estos parques industriales cerrados tienen una génesis bastante similar a la de un club de campo (country).
Suelen estar separados del entorno por un cerco perimetral, con limitados puntos de ingreso y sus calles no son públicas. Los parques industriales cerrados permiten un sensible ahorro en materia de vigilancia y seguridad. Un ejemplo de esto, pero no el único, es el Parque Industrial de Campana.
Parques industriales generales y temáticos
Hay parques industriales generales y temáticos (en los que se exige el asentamiento de empresas relacionadas con un determinado tipo de actividad). En nuestro país, los primeros son la regla, pero existe un impulso creciente a los segundos.
Por ejemplo, la Cámara de la Industria del Calzado (CIC) acordó con el Municipio de La Matanza instalar un polo productivo dedicado a ese sector de la industria en dicho partido. El Polo contará con 30 naves para igual número de empresas, guardería, restaurante y hasta un pequeño hotel para los clientes. Se prevé que entre en funcionamiento en 2010.
A veces los parques industriales generales devienen temáticos, aunque también cabe la posibilidad inversa. Una modalidad de parque temático es el “polo tecnológico” donde se asientan empresas de base tecnológica en procura de un intercambio enriquecedor derivado de la sinergia mutua.
Los parques industriales temáticos constituyen la modalidad preferida por Silvia Suárez Arocena, actual titular de la Secretaría de Política Ambiental de la Provincia de Buenos Aires. La funcionaria, en un reportaje concedido a Gerencia Ambiental, indicó que, si bien se propician los parques industriales, se busca que los mismos tengan un único rubro o rubros afines. “No queremos que se mezclen industrias que se potencian en su peligrosidad”, recalcó la funcionaria.
Además, la Secretaria agregó que es mucho más fácil el control en los parques industriales temáticos, por la similaridad de los eventos que allí pueden acontecer; y porque allí es mucho más fácil construir instalaciones eficientes para el tratamiento de los efluentes industriales. Por último, señaló que cuando los rubros son muy diferentes, pueden potenciarse efectos no deseados en cuanto a riesgos ambientales.
Un Parque Industrial Ecoeficiente se conforma con un grupo de empresas dedicadas a la manufactura y a la prestación de servicios, localizadas en una misma área geográfica, las cuales desarrollan conjuntamente proyectos que buscan mejorar su desempeño económico y ambiental, de tal manera que el trabajo conjunto permite a las empresas encontrar un beneficio colectivo mayor que la suma de beneficios individuales que puede alcanzar cada empresa optimizando únicamente su propio desempeño ambiental.
De esta manera, el Parque Industrial Ecoeficiente constituye una alternativa para producir más limpiamente bajo parámetros competitivos, al centralizar funciones generales administrativas, logísticas, productivas, comerciales y tecnológicas, de tal manera que se logre optimizar el desempeño ambiental de las empresas participantes y disminuir costos de producción, logrando un mayor desarrollo del concepto de Ecoeficiencia.
La implementación de un Parque Industrial Ecoeficiente se logra en base en la aplicación del concepto de ecoeficiencia, utilizando estrategias tales como especialización de funciones, encadenamientos productivos, infraestructura compartida, implementación de prácticas de producción más limpia, aplicación de programas de eficiencia energética, uso eficiente de recursos, manejo unificado de la responsabilidad social y preparación conjunta para la respuesta a emergencias.
El concepto de Parque Industrial Ecoeficiente tuvo su origen a partir del desarrollo del proyecto Kalundborg, en Dinamarca (considerado mundialmente como el mejor ejemplo hasta la actualidad, el cual inició su gestión en 1970 e involucró principalmente a una compañía de generación de energía eléctrica, una planta farmacéutica, una planta de producción de tableros y una refinería).
En nuestro país aún no existe esta forma de agrupación industrial. No obstante, se presentó un proyecto de Ley de Parques Industriales Ecoeficientes (que prevé incluso la relocalización de parques existentes), impulsado por los diputados Borsani, Beccani, Rozas, Fabris, Giubergia y Zimmermann. El proyecto data de mayo de 2006, y se encuentra bajo la consideración del Congreso de la Nación.
Beneficios fiscales y no fiscales
Los beneficios promocionales con los que cuentan los parques (desde su instalación y por un tiempo determinado) consisten en exenciones, totales o parciales, de tributos nacionales, provinciales y/o municipales.
La Ley N° 10.547 de la Provincia de Buenos Aires establece que una de sus finalidades es la de promover la localización de las industrias en Parques Industriales para el aprovechamiento de inversiones existentes, obtención de economías de escala, creación de fuentes de trabajo en la cercanía de centros poblados y preservación del medio ambiente.
La ley presenta una serie de beneficios y franquicias entre los que se destacan la exención impositiva por diez años con respecto al impuesto a los Ingresos Brutos e Inmobiliario en el ámbito provincial. Las Municipalidades suelen adherir al régimen de esta ley con la exención de tasas y tributos municipales.
A esto se suma muchas veces el otorgamiento de líneas de crédito de instituciones bancarias estatales a tasas convenientes. Por ejemplo, el proyecto de Polo Productivo del Calzado de La Matanza (al que nos referimos antes) demandará una inversión de U$S 5 millones, a financiar con un crédito del Banco de la Provincia de Buenos Aires.
Desde el punto de vista comercial, la agrupación de empresas con una organización común permite la negociación en bloque con proveedores y contratistas. Esto contribuye al abaratamiento y mayor previsibilidad en el abastecimiento de insumos, logística, servicios y materias primas.
En suma, la radicación en parques industriales puede constituir una ventaja comparativa con relación a otras empresas radicadas en áreas industriales no planificadas.
+ BENEFICIOS |
Impositivos |
Comerciales (derivados del poder de negociación colectiva) |
Infraestructura (derivados de la optimización de gastos) |
Crediticios |
Inmobiliarios |
Ambientales |
Logísticos |
Menor exposición a reclamos |
= VENTAJAS COMPARATIVAS |
El factor inmobiliario
El factor inmobiliario suele ser un beneficio adicional. Cuando se trata de tierras fiscales, a fin de incentivar la radicación, la autoridad local suele disponer que la venta sea a un precio accesible. Otras veces, cuando se trata de terrenos privados, el solo hecho de la radicación de un parque industrial impulsa, más temprano que tarde, la valorización de los terrenos.
Los parques industriales constituyen un negocio inmobiliario de cerca de 150 millones de pesos sólo en el Gran Buenos Aires, donde hay más de un millar de lotes a la venta. Por ejemplo, en el Parque Industrial Pilar, donde hay pocos lotes en oferta, el valor del m2 cotiza entre U$S 25 y 38. En Campana y Zárate oscila entre U$S 20 y 35. Hay lugares en la Zona Norte donde el precio trepa hasta los U$S 70 por m2. Y en el Sur, entre Berazategui y Florencio Varela, el valor desciende y se posiciona entre los U$S 8 y 20 por m2. En tanto, en el Oeste se pueden conseguir precios de entre U$S 8 y U$S 15 por m2.
Al tratarse de parcelas individuales cuyos dueños comparten bienes comunes, en los parques industriales se observa un régimen de propiedad privada sumado a un condominio de indivisión forzosa.
La mano del Estado. El caso “La Cantábrica”
La experiencia indica que, cuando la autoridad pública se propone promover la radicación de industrias o la reindustrialización de un área determinada, la mano (visible o invisible) del Estado impulsa y facilita todo el proceso, a través no solo de beneficios promocionales, sino también haciendo uso de recursos crediticios y de otro tipo (por ejemplo, la expropiación por razones de interés público).
Un ejemplo es el de la reindustrialización de lo que es hoy el Parque Industrial La Cantábrica, el cual ocupa el predio que antiguamente fuera de la metalúrgica “La Cantábrica”, cuyo cierre había dejado una enorme estructura en desuso.
Ante la necesidad de crear fuentes de trabajo y poner en marcha los resortes productivos en la región, la Unión Industrial del Oeste (UIO) impulsó en noviembre de 1994 la creación de un Parque Industrial en ese lugar. A este ambicioso proyecto se sumaron en lo inmediato el gobierno de la Provincia de Buenos Aires y el Municipio de Morón, con quienes más tarde se conformaría un ente tripartito denominado EPIBAM, encargado de regir los destinos del Parque Industrial "La Cantábrica".
En 1997 el EPIBAM realizó las primeras adjudicaciones de las naves industriales a las empresas. Las mismas fueron entregadas en comodato para su reciclaje, en el marco de la Ley Provincial 11.949.
La construcción de la infraestructura común (pavimentos, redes de agua, desagües, electricidad etc.) y los gastos de funcionamiento del Parque Industrial, fueron solventados con recursos del sector privado.
Las empresas construyeron y reciclaron sus plantas industriales. Mejoraron la organización de la producción, implementaron nuevos procesos, certificaron normas de calidad y gradualmente fortalecieron su perfomance ambiental.
Se prevé que en el futuro próximo el EPIBAM será liquidado y se transferirá la administración del Parque Industrial a una entidad consorcial constituida por las 37 empresas allí radicadas.
El modelo de “La Cantábrica” incluso se “exporta” a otras localidades. Veinticinco pymes conformarán el Parque Industrial Cantábrica III en un predio de 13 hectáreas ubicado en Haedo, Provincia de Buenos Aires. Las empresas firmaron recientemente el boleto de compraventa por un terreno perteneciente al grupo español Fagor Electrodomésticos.
Mantener la distancia
Resulta obvio que el fenómeno de la agrupación industrial incrementa en cierto modo los riesgos al aumentar la “carga de peligro” dentro de un marco territorial acotado. Sin embargo, la alternativa opuesta –la dispersión industrial no planificada– es mucho más indeseable. En efecto, existe consenso en el sentido de que la agrupación de empresas en parques y áreas industriales implica una significativa racionalización en materia ambiental, productiva, logística, de seguridad y de planificación urbana.
Si bien la “carga de peligro” aumenta en el área industrial (por lo que esta, idealmente, debería estar apartada de lugares con nutrido componente residencial), decrece por lógica consecuencia en otras áreas.
El Lic. Nelson Culler, ex coordinador del Programa Cuidado Responsable del Medio Ambiente ® de la Cámara de la Industria Química y Petroquímica (CIQyP), indicó en una entrevista concedida a Gerencia Ambiental que respetar la distancia entre las plantas industriales es el factor decisivo para evitar la propagación de posibles incidentes.
Este destacado especialista agregó que la agrupación de empresas en áreas industriales posibilita que se desarrollen programas cooperativos en caso de emergencias. En este sentido, destacó también que la agrupación brinda la oportunidad de sumar recursos para tener una central de respuesta muy bien equipada y una brigada de emergencias muy bien adiestrada.
Contralor ambiental, ordenamiento territorial y desarrollo humano
La agrupación en parques industriales facilita el control del medio ambiente por parte de las autoridades de aplicación, no sólo en el predio sino también en sus adyacencias y localidades vecinas. Desde otro punto de vista, las empresas radicadas en parques industriales son menos vulnerables a las rispideces que pueden generarse con motivo de la coexistencia entre industria y comunidad.
Por otra parte, los parques industriales ordenan el crecimiento de los pueblos y las ciudades, ya que constituyen una forma más sofisticada de ordenamiento territorial. Esto redunda también en una mejor planificación del tránsito, toda vez que reduce el impacto del transporte de cargas generales, mercancías peligrosas y residuos peligrosos a través de áreas residenciales.
Cuando las agrupaciones industriales alcanzan cierta envergadura, surge también la oportunidad de interactuar más fluidamente con organizaciones vecinales; apuntalar la educación técnica en la zona; colaborar con universidades, institutos y casas de estudio locales; de generar una “masa crítica” de proveedores locales de productos (ej. ferreterías industriales; corralones de materiales; etc.) y de servicios (mantenimiento; reparaciones; limpieza; comedor; informática; etc.), todo lo cual redunda en la ampliación de la oferta de empleos –directos e indirectos- en la zona de influencia. Se abre así un terreno más propicio para la implementación de planes de responsabilidad social empresaria (RSE), tanto individuales como conjuntos.
Parece entonces evidente que el Estado debería promover la agrupación industrial territorial (preferentemente planificada en parques industriales) o, por lo menos, abstenerse de desalentarla, entorpecerla o perjudicarla.
Los parques industriales son parte de la solución.
Los parques industriales en números
Según el Consejo Federal de Inversiones (CFI), en la actualidad existen alrededor de 103 parques industriales en funcionamiento en la República Argentina. La provincia de Buenos Aires está al frente, con 19 parques industriales. Hay 8 en Chaco; 7 en Chubut, Entre Ríos, Neuquén y Río Negro; 6 en Santa Cruz y Santa Fe; 5 en San Luis, Misiones y Córdoba. Formosa, Jujuy, La Rioja, Mendoza y Tierra del Fuego tienen 3 cada una, mientras que funciona un parque industrial en Corrientes, La Pampa, Salta, San Juan y Santiago del Estero.
Se estima que en el mundo existen cerca de 12.600 parques industriales en 90 países (según datos del International Development Research Council).
Para mayor información: www.aipypt.org.ar y www.cfinet.org.ar
Juan Manuel Predut
Es abogado y periodista. El autor agradece al Dr. Guillermo E. Rolando por su colaboración en la preparación de este artículo.
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